SOL, MAR Y MEROS

Copyright © Miguel Ángel Mira Illana / Milla, Mira y Navarro, arquitectos, Junio 2007
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En un reciente artículo (EL PAÍS, 30/05/07) titulado “Estrellas literarias y clérigos”, el profesor de Filosofía Eduardo Subirats, hablando del papel del intelectual en este siglo, describiendo lo que a su juicio eran “los rigores que amenazan al intelectual en el amanecer del siglo XXI”, decía algo que suena familiar en cualquier campo de la actividad creativa:

“La estrella literaria y el experto son los protagonistas de esta nueva constelación. La primera pone en escena una cultura concebida como ficción y fetiche, y la transubstanciación de lo real en la farsa de papirote de las industrias mediática y cultural. El experto, en cambio, es un agente organizacional: una conciencia gregaria y disciplinada, y el representante sin rostro de saberes académicamente domesticados y administrativamente controlados. Su actuación se rige bajo los códigos anónimos de la racionalidad objetiva y la rentabilidad. Y aunque invente transgénicos ecocidas, diseñe armas nucleares o produzca programas económicos socialmente destructivos, el nombre sagrado de la ciencia le otorga título de inocencia y carta de inmunidad. El rigor de la profesionalidad le exime de cualquier responsabilidad social. Es precisamente esta profesión de irresponsable inocencia lo que le degrada a la categoría de clérigo.”

Dando por sentado que entre las arquitecturas de la galaxia mediática algunas representarán valiosas referencias en la historia de la arquitectura, más preocupante es la generalización de edificaciones y ordenaciones urbanas regidas exclusivamente por la rentabilidad.

Porque sub-existe o sobrevive otra arquitectura que no pretende ser singular o exclusiva, sino repetible y razonable, alumbrada según el elemental principio ético de servir al usuario (las personas que lo ocupan y las que pasan por la calle), y no sólo a la rentabilidad.

Pero esta vocación creciente, esta Marea de Arquitectura Repetible (MAR) resulta indiferente a políticos y medios, pues no se encuadra en la pleitesía a la originalidad o la moda. Si no hay Redondeles o un Sol perpetuo para Madrid, no hay imagen epatante para los titulares. Es pues responsabilidad de los medios y de algunas instituciones que el ciudadano no conozca que hay alternativa entre una exclusividad fuera de su alcance y una mediocridad generalizada.

Curiosamente esta Arquitectura Repetible resulta singular por accidente, por su involuntaria escasez. Su ejemplo más paradigmático es La casa de las Flores de Secundino Zuazo, edificio creado buscando un modelo repetible, más higiénico, saludable y bello. Se iban a realizar siete manzanas como esta, y a la vista del notable ejemplo conocido, hubieran sido unas a otras parecidas, con pequeñas, sutiles diferencias, marcado así una referencia incontestable para los que afirman que no es repetible la arquitectura.

Aclararé que el problema no es que existan arquitecturas mediáticas o galácticas, Soles, que debe ser conocida aunque defraude en muchos casos, sino que la Arquitectura Repetible es prácticamente desconocida, y encima, cuando recibe algo de atención, lo hace por su involuntaria singularidad.

También deseo distinguir la denominación. No porque los firmen arquitectos, la masa ingente de pésimos edificios que arruinan nuestro paisaje puede ser llamada arquitectura. Son irresponsables Edificios Meros, es decir, el resultado automático de realizar un producto que cumpla con el mínimo que exige las leyes y del que se extraiga el máximo beneficio. Estos Meros son los enemigos del usuario, no los Soles, cuya función simbólica es al menos indudable.

Lo que se reivindica reivindico es la necesidad de que el MAR cuente con espacio propio y definido. Por suerte hay revistas (conarquitectura, detail, tectónica...) que, por distintas razones, divulgan Arquitecturas Repetibles, mezcladas en mayor o menor medida con otras mediáticas o con vocación de serlo. Pero resulta insólito que, por ejemplo, los grandes diarios no cuenten en sus flamantes suplementos de Propiedades con varios espacios de crítica para viviendas, mientras nos aconsejan con detalle cómo emplear 10 euros en una peli o un libro. ¿es acaso indiferente en qué gastamos 300.000?.

Les pido a medios e instituciones que se dote de espacio distinto, con denominación propia y debate, a estas Arquitecturas Repetibles, de manera que el futuro cliente, es decir, cualquier usuario, entienda que están a su alcance, que son económicas y que la ciudad se vería silenciosamente beneficiada por ellas. En definitiva que el MAR, al alcance de todos, es el que debería estar entre el Sol y los Meros.


Miguel Ángel Mira Illana. Milla, Mira y Navarro, arquitectos

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